Devastado, llorando de nuevo como un marica y con mi hija en los brazos; desesperadamente busco consuelo en su olor y su amor, la única mujer que me ama porque soy un imbécil y sin ser parte de mi familia materna o paterna. Ella es mi Alma, mi vida y la dueña de mi corazón. No tengo valor para mirar a Sonya, no sé qué siento al respecto porque mi mente la nubló el dolor de saber que ella nunca fue mía.
A medida que contaba su experiencia con Sonya, en mi pecho se abría una brecha del más infinito dolor que he podido sentir, termine de caer de bruces,...