Despierto y todo es oscuridad trato de moverme y las correas en mis muñecas y tobillos me lo impiden ya que el cuero es demasiado resistente, tengo frío y calor a la vez, siento miedo y tranquilidad pero una tranquilidad que raya en la desesperación de no saber donde estoy y no poderme liberar de estas amarras que me tienen cautivo e inmóvil.
Respiro profundamente buscando calmar mis nervios y poder pensar de manera coordinada y correcta pero mis fosas nasales se llenan de un aroma conocido y desagradable: un hospital, de nuevo caí en una crisis de pánico, más el tiempo sin ingerir alimento… ¡bueno, ya lo he dicho...