Llegamos al lugar y el Sr. Cabaliery se quedó observando taciturno
— ¿Sucede algo Sr.? – éste sacudió la cabeza y sonrió nostálgico.
—¡No tienes idea de cuánto odio a esta mujer, pequeña! – respiró profundo y se recompuso para que pudiéramos salir del auto.
Nos ubicamos frente a la puerta y al intentar tocar el timbre detuvo mi mano.
—¿Qué sucede Sr. Cabaliery?
—¿Conoces esa sensación de vértigo que se aloja en el estómago y sube al tórax impidiéndole respirar? – mierda este viejo no odia a la puta Fantini, esta resentido con ella. Aún la ama.
—¡No señor! No la conozco, no he tenido la experiencia – le...