Son las dos de las tarde y mi estómago ruge como un León, Jeff me hablo para informarme que la madre y los cachorros se encontraban bien y toqué la puerta de la pequeña habitación para decirle a Jena.
—¿Dime? – mi ritmo cardíaco se aceleró y mi corazón bombeaba tan fuerte que el pecho dolía.
La atraje hacia mí con la pequeña toalla cubriéndole y la apreté para que me sintiera ¡estaba quemándome! Bajé las manos hasta su trasero subiéndola para que enrolle sus piernas alrededor de mi cintura ¡y lo hizo! La recosté a la pared e invadí toda su boca con mi lengua, soy atrevido pero me...