Eva
Héctor me puso en la cama y me dio vueltas al segundo siguiente. Su nariz rozó la línea de mi mandíbula y sus manos se movieron hacia arriba y hacia abajo sobre mi cintura.
Mis piernas estaban juntas y sentí que el calor en mi estómago aumentaba.
—¿ qué quieres que haga esta noche?—
Me pinchó la piel con un beso mojado, me acurrucó los dedos de los pies y mi respiración se ralentizó.
—Como siempre lo has hecho—, le dije suavemente, su mano se deslizó por mi estufa y corrió por mi estómago.
—Quítate toda esa ropa. —Gruñe Héctor y se aparta un poco.
Con prisa, me saco...