Héctor
La he herido. Puedo verlo. Pero no puedo tomar mis palabras de vuelta. La parte oscura y maliciosa de mi cerebro me está alimentando con estas líneas.
Me dice que lo que sea que tuvimos fue solo porque ella quería usarme. Tal vez sí lo hizo.
—Vaya. Eres increíble —dice Eva y pone su copa de vino en la mesa.
Se levanta rápidamente para irse, pero la atrapo por la muñeca y la jalo hacia mí.
Mi brazo se envuelve a su alrededor y aprieto su cuerpo contra el mío.
Mis sentidos se nublan y mi corazón empieza a latir desbocado al sentir su cuerpo.
—Eso fue una mierda...