Eva
Emilio entra en mi oficina y se acomoda en mi regazo. Mi mano acaricia su pelaje de un lado a otro mientras continúo investigando cómo renovar la habitación que pintamos hace semanas.
Ahora que las paredes se han secado, se ven hermosas. La primera vez que entré en la habitación, una calma especial me envolvió. No voy a mentir, estuve un poco dudosa con mi elección de color, pero al final, resultó ser mucho mejor de lo que esperaba.
Ahora la siguiente tarea es llenar la habitación con muebles y decoración.
Emilio me da un golpecito en la mandíbula y miro hacia abajo.
—¿Qué pasa, Emilio? —le rasco el...