Eva
La anticipación hace que mi corazón lata tan rápido como el de un niño jugando al escondite. Mis manos tiemblan, y la sonrisa estúpida en mi rostro me duele en las mejillas.
Las ramas crujen cerca y mi atención se dirige hacia el sonido. Después de hacer un recorrido vigilante por el bosque, giro a la izquierda y veo a Héctor buscándome.
La lluvia cae con fuerza y el trueno estalla de vez en cuando en el fondo, añadiendo suspenso a nuestro pequeño juego.
Vuelvo a mirar a Héctor y está a unos diez pies de mí.
Giro sobre mis pies y empiezo a correr, pero el crujido de...