Eva
La vergüenza me inunda al pensar en Miguel. Claro, él nunca sabrá de esto, pero me siento humillada.
Me cambio a una de las camisetas viejas de Miguel y me preparo para dormir. Porque por ahora, eso es lo más cerca que puedo estar de él.
Héctor se sienta a mi lado y acaricia mi cabello mientras me observa suavemente. Sus dedos juegan con mi flequillo y me encanta la sensación de cuando ocasionalmente roza mi piel.
—No es tu culpa. —Sus ojos recorren mi rostro.
—Siento que sí lo es.
Con un suspiro, se quita el reloj y lo pone en la mesita de noche. Al volver a...