Héctor
Me acerco a ella con paso firme y me detengo a su lado, observando la fascinación en su rostro.
—Esto es tan hermoso.
—Lo es—respondo. Mis ojos se centran en cómo los puntos negros en su iris azul reflejan las luces de la ciudad. La vista es exquisita. Más hermosa que cualquier cosa que haya visto.
—Te tengo mucha envidia ahora.
—¿Por qué?—pregunto.
—Tienes una vista increíble. Si yo fuera tú, me quedaría aquí para siempre.
—Sí, paso mucho tiempo aquí.
Ríe para sí misma y acerca su rostro hacia mí y a Emilio con calidez. Sus tacones hacen eco en el suelo de mármol mientras se acerca y...