Eva
Durante toda la reunión, taché cada una de sus demandas y él las dejó pasar sin problema, reescribiéndolas como yo quería que fueran.
En ningún momento pareció oponerse a alguna de mis sugerencias o decisiones. Calmado como un santo, escuchó todo lo que tenía que decir y me permitió tomar el control del trato y darle la forma que yo deseaba.
Una parte de mí está danzando de alegría porque es el contrato perfecto. Ninguna otra empresa o hombre de negocios me habría dejado hablar, y mucho menos influir en lo que quería. Pero Héctor no solo me dejó expresar mis pensamientos, sino que también me dejó quedarme con...