Héctor
Inett, mi asistente diseñadora, explica el concepto mientras mueve las manos. Es una costumbre suya. Al principio me parecía extraño, pero ahora ya me he acostumbrado.
—Sugiero redirigir las tuberías para que salgan desde estos baños a la izquierda —digo, alineando mi mirada con la suya mientras la corrijo.
—Lo cambiaré. ¿Hay algo más? —Inett es una rubia delgada, la única interna capaz de su grupo. Al principio cometió varios errores torpes, pero logró aprender de ellos en lugar de rendirse como los demás. Con los años, su flexibilidad ante mis frías instrucciones le ha conseguido una buena posición en mi empresa.
—No —respondo mientras me pongo de pie...