Eva
Cuanto más juega Héctor con mi lengua y mis pezones, más calor hace. El multitarea me deshizo del balancín de equilibrio que estaba equilibrando.
Lo escuché bajar por el camino y tararear hacia mi cuello hasta que sus labios cayeron donde siempre quise que fuera.
—Por favor, eva—. estoy desesperada. Todo lo que dijo y todo lo que hizo me sorprendió. Él lo sabe.
Necesito venir en este momento.
—Por favor, déjame venir—. mi atención está demasiado centrada en el calor y las sensaciones que ocurren en mi cuerpo para controlar mi autoestima.
—No es tan difícil—.
Abrí las piernas y él me puso los labios.
—¡ oh, mierda!—...