Ante esta situación y como había sido una equivocación del funcionario que la custodió, Laila fue trasladada a otra celda aislada, separada totalmente de las hermanas Evans. Observándose en su rostro fuertes aruños y heridas que seguro dejaran sus huellas.
Al día siguiente, Jade en vista de las heridas que presentaba en su rostro y que al parecer a nadie le importaba, pidió hablar con el detective del caso. Este fue llamado para que tomara su declaración espontánea y voluntaria.
«Por lo visto, este será un día productivo» pensó el detective encargado del caso y quien acababa de recibir las dos solicitudes de confesión, tanto la de Jade como la...