Donald, sintiendo un regocijo interno por esta actitud de Yves, se levantó de la butaca, para sentarse a su lado y le manifestó…
—¡Déjame comprobar, que eso es verdad! —retó él.
Este atrajo el cuerpo de ella hacia el suyo, colocó su mano derecha detrás de la cabeza de esta para sujetarla. Luego, llevó sus labios a los de Yves, ejerciendo presión sobre estos, para que abriera la boca.
Inmediatamente, ella lo rechazó y forcejeo con él. No obstante, no pudo separarse aun cuando intentó escapar. Los besos de Donald siempre la dominaron. Él se apoderó de su voluntad, la hizo perder el control de todo. Una vez más, Yves...