Al terminar de hacerle el amor, Donald estaba extasiado, embelesado, contemplando a su mujer.
—¿Podrías prometerme, que si me quedó, me harás el amor todos los días? —interrogó ella, sonriendo.
—¡Te prometo, que te haré el amor, las veces que quieras! —sonrió él, levantando su mano derecha, en señal de juramento.
Entretanto, Yves exhalaba un fuerte suspiro de satisfacción y alegría, acomodándose encima del cuerpo de él. Esto provocó una fuerte satisfacción también en él, quien pudo comprobar en esta entrega, que ella lo ama y lo desea tanto, como él a ella.
Las manos de Yves, acariciaron y recorrieron el pecho de él, antes de dormirse. No hubo un...