Donald, cediendo a su necesidad de escuchar a Yves, marcó el número de su celular, pero a través de otra línea, que ella desconoce. Por este motivo, esta contestó la llamada pensando que sería cualquier otra persona.
—¡Buenas tardes! Yves Johnson, a sus órdenes —respondió ella.
—¡Te amo y te extraño! —declaró él, con una voz ronca y seductora que incluso la hizo sentirse confundida.
—¿Perdón? —exclamó ella incrédula.
—¿Cómo estás? —Interrogó él con una voz susurrante— Disculpa que no te avisé que venía a Santiago, mi hermano se agravó. Necesitó una cirugía urgente y yo debía estar aquí acompañándo a su mujer y sus hijos.
—Y ¿cómo sigue él?...