En Santiago
Levantándose temprano, Daniel se metió al baño, se duchó y cambió la ropa. Una vez vestido, bajó a la cocina para preparar un rico desayuno para Venus. Encontrándose ahí, al personal del servicio, con su ayuda preparó la comida que a ella le gustaba.
Preparando la bandeja, agregó una rosa roja que cortó del jardín, para adornarla. Al llegar de nuevo a la habitación, colocó la bandeja en la mesa que estaba justo al lado del amplio ventanal mientras, la despertaba.
—¡Venus! ¡Mi amor! ¡Venus! —susurró él al oído de ella y dando breves mordiscos al lóbulo de la oreja la despertó.
—¡Sí, mi amor! ¿Podrías dejarme dormir?...