Don Karim sin comprender sus palabras, pero observando que estaba a punto de caerse de la impresión, le ofreció un whisky. Donald perdió el color, su rabia desapareció y estaba a punto de desmayarse.
—No entiendo ¿Por qué estás así? El problema es mío, no tuyo —exclamó don Karim— Yves es igualita a su madre, terca y difícil de convencer.
»No será fácil para mí, decirle que soy su padre y que me acepte más cuando le cuente como ocurrieron los hechos y como engañé a Ivy —concluyó este.
—Yo conocí a la señora Ivy, ella no era tan terca, ni tan difícil como su hija —aseguró Donald, confundido.
—¡Entonces,...