—¡Levántate, gusano, y hazle reverencia a tu Luna! —gruñó Damián.
Nunca había oído a Damián hablar de esa manera, tan agresivo y despectivo, ni siquiera con sus propios miembros del pack. Pero recordé que Damián nunca había tenido una buena relación con los rogues, y mi hermana y yo éramos las únicas excepciones.
—Me inclinaré ante la chica cuando la traigas aquí. Tengo un mensaje para ella —respondió una voz fría y vacía desde las sombras.
Un hombre estaba al otro lado de la celda, de espaldas a nosotros. Estaba sentado en el frío suelo húmedo, con las piernas cruzadas en posición de meditación.
—¿Y cuál es ese mensaje? —escupió...