Mis manos están temblando de manera ridícula, su mirada no se ha despegado de mi. Quiero que se vaya o quiero irme yo pero por lo que veo nada de eso sucederá en este momento.
Ethan, como ahora se llama el desconocido, se encuentra sentado en la barra de la cocina mientras devora mi cereal como si fuese botana.
—Así que...Emily.
—Señor Yeray, estoy en mi horario laboral. ¿Podría no importunarme?
—Ethan, puedes llamarme solo Ethan.
—Bien, solo Ethan, no sé que espera que haga, o que espera que diga pero una cosa si es segura.
—¿Y esa es?
—Me esta poniendo demasiado incómoda. Deje de mirarme así y deje...