El señor Yeray sirve la comida y mueve su plato justo a un lado de mi, es generoso con las porciones y eso me causa gracia.
—Déjeme servir el vino.
—No, tú ya cocinaste y me llevaste al cine, –dice y se detiene de su labor–, eso suena extraño, por lo regular yo debí haber hecho eso. Mi linda flor estaría muy decepcionada de mi poca caballerosidad. Pero estaría celosa de ti, eres demasiado atrevida. –asegura y lo veo sonreír.
—Lo siento señor Yeray. Algo tenía que hacer para sacarlo de aquí.
—Bueno, fue arriesgado pero satisfactorio, –dice tomando asiento–, gracias por ello, Mely. –levanta su copa.
—Fue un placer...