Abro los ojos sintiéndome demasiado relajado, no había dormido tan bien en todos estos días lejos de Emily, el otro lado de mi cama se encuentra vacío y la idea de que haya sido solo un sueño me aterra.
Me levanto de la cama y aún estoy desnudo, sonrío por ello porque definitivamente no pudo haber sido un sueño.
Me pongo mi ropa interior y sin más, salgo en busca de mi Cenicienta. Ella lleva puesta mi camisa negra y el cabello alborotado, una humeante taza de café descansa en sus manos mientras observa por el gran ventanal.
Sabía que amaría ese lugar.
—¿Disfrutas de la vista? –cuestiono apenas llego...