—¡Sos una estúpida! —le dicen a Nayla al otro lado del teléfono.
—Pero no pude hacer nada. No fue mi culpa.
—No me importa. Se ve que todo tengo que hacer yo. A partir de ahora, harás lo que yo diga.
—¿Y ella? —inquiere preocupada.
—¿Debo volver a repetir las cosas?
—No. lo siento.
Y colgó la llamada.
Habían pasado varias horas y estaba nerviosa por no saber nada de Nacho. De hecho, creía que la policía lo había encontrado y llevado a la cárcel, y estaba esperando llamado suyo para ir a verlo.
No sabía, solo imaginaba pero aun así, esperaba que esté bien.
Mientras tomaba un café, observa...