Sospechaba que Diego sabía que sus anónimos tenían que ser de alguien del curso que integraba, por esa razón fue que la vez que le llegó mi primer mensaje su actitud fue la de reingresar al aula y quedarse unos largos segundos observándonos, recorriéndonos como si intentará descubrirme entre la mirada de mis compañeras y cuando sus ojos se posicionarnos sobre los míos sentí una adrenalina que no podría explicarles Aún recordarlo me provocaba una sensación eléctrica en el cuerpo.
Ni bien el curso se llenó y luego de que tomo lista se dispuso a recorrer las mesas para entregarles una a una las notebooks con la que trabajaríamos en la clase. Mientras recorría nuestros lugares para darnos el aparato prácticamente nos interroga a con la mirada y yo solo podía morderme la lengua para no estallar en risas. Una vez que cada una tenía su computadora comenzó la clase.
Lo que debíamos hacer tenía que ver con una planificación, pero para ello, debíamos armar la fundamentación que a diferencia de los que piensan muchos, es la parte más complicada de la propuesta pedagógica. El saber por qué vas a enseñar determinado contenido, a determinado grado, en determinado momento del año y con que propósito. Suena sencillo pero tiene su cuota de dificultad.
Ni bien el profe se sentó en su escritorio y se puso a ojear unos papeles aproveche para enviarle otro mensaje y ver en vivo y en directo su reacción.
Cómo Dani me conocía perfectamente y había visto mi expresión al enterarnos que trabajaríamos con las notebooks no tardó en interrogarme para saber qué es lo que tenía en mente.
-¡Ey! – me llama por lo bajo, pese a que nuestras mesas estaban contiguas. La observó y le hago gestos con los ojos para saber qué deseaba, por qué me llamaba. - ¿Qué vas hacer? – yo puse mi mejor cara de asombro haciéndome la desentendida. – no te hagas la idiota Camila que te conozco mejor que tu madre. – yo solo sonreí y conteste más para mí que para ella.
- vamos a jugar un ratito profe. –
Abrí una ventana de incognito, porque si había algo de lo cual debía tener mucho cuidado era sobre no dejar nada que lo llevaste a descubrir que la de los anónimos soy yo. Una vez que lo hice, puse Hotmail y me dispuse a redactar un mensaje el cual esperaba que le llegase en este preciso momento.
“From: Anónimo123@hotmail.com
Asunto: Me divierte.
¿Cómo está profesor? Yo quiero contarle que muy bien porque anoche volví a soñar con usted y mis sábanas hoy amanecieron húmedas ¿Alguna vez le ha pasado lo mismo? Tener un sueño caliente y sudar de la excitación hasta mojar las sábanas. Aunque para serle sincera, me masturbe gimiendo su nombre después, pero no es de eso sobre lo que quiero hablarle sino de lo divertido que es verlo buscarme entre mis compañeras.
Me divierte saber que debo estar robándole el sueño, sin saber quién puede ser la que le escribe sus más profundos y sucios deseos, buscándola entre las miradas de decenas de mujeres, mientras yo me deleitó de cerca, con su mirada, su fragancia exquisita y el deseo de arrancarle la ropa con los dientes y que me tomé con fuerza y use mi cuerpo como desea, arriba de su escritorio.
No hay nada más divertido que verlo recorreremos con la intención de descubrir algo que le ayude a encontrarme.
Siga buscándome que a lo mejor, algún día me pueda encontrar.
Siempre suya. “
Ni bien terminé de redactar el mensaje, cerré la ventana y me aseguré que en el historial no quede registrado el ingreso a la página ya que eso me expondría. Luego miré a Dani y le guiñe el ojo con lo cuál le estaba diciendo que lo que iba hacer, ya lo había hecho. Ella solo miro confusa y sin entender nada continuo en su computadora cuando de repente un sonido fuerte nos distrajo a todas.
. . .
¿Cómo podía hacer para poner en evidencia a esa anónima que me llena de mensajes mi correo? El pensar en cómo descubrirla era algo que me estaba quitando el sueño y ya no sabía que hacer. Encima aún faltaban dos días para que se reincorporara la vicerrectora y a estás alturas no sabía si debía o quería contarle lo de los anónimos.
Día y noche me la pasaba pensando y tratando de buscar en mi mente alguna situación que haya pasado por alto, algo que no noté y que haya dejado entrever la autora de esos mensajes, pero cuanto más pensaba más me enredaba y nada claro podía tener.
Mientras las alumnas realizaban lo que les pedí, aprovechaba para corregir los trabajos de la clase pasada que debía entregarles, pero por las que intentará concentrarme en mi labor, más me costaba hacerlo. El no saber quién era mi anónima me atormentaban día y noche y no me dejaba vivir en paz, todo, hasta lomas inútil se me hacía difícil y tortuoso. De repente, un sonido me saca de mi “intento de lectura” y al chequear de que se trataba mi mandíbula cae al suelo -¿Cómo es posible que sea tan descarada de escribirme justo en este momento? – Tenía miedo de leer, terror de que me provocará alguna erección, es que era difícil no imaginarme todo lo que me decía sin sentir que mi cuerpo la reclama.
Cada vez que cerraba los ojos podía verla allí, parada frente a mí, tocándome, besándome, moviéndose encima de mi miembro y podía sentir el dolor de la excitación queriendo se escapar por mis poros, por mis labios, por mis manos, pero siempre que llegaba a su rostro, algo tenía que “bajarme a tierra”.
No lo abrí, no quería leerlo, no me apetecía exponer mi cuerpo a una posible y dolorosa erección, como siempre sucedía, por lo que me limité a observarlas. Las recorrí una por una, tratando de descifrarlas, de encontrar algo que me hiciera decir – es ella – pero nada, por más que las observaba no había nada que me hiciera sospechar de ninguna. Hasta que la actitud de dos en particular me llamaron la atención.
En el fondo del aula, justo en medio se ubicaban la Srta. Ayala y la Srta. Campos. Ambas se habían morado y puedo jurar que la “agarré” justo cuando Ayala, le hacía señas para que miraste su notebook, por lo que no lo dude un segundo y la llamé con equipo a mi escritorio.
- Stas. Campos y Ayala, las quiero en mi escritorio a ambas con sus equipos. – les dije serio, sin levantar la menor sospecha de que algo en ellas me había llamado al atención.
- Dígame profesor. – Me dice la amiga de Ayala.
- Usted – me dirijo a Camila para pedirle, más bien exigirle, que me entregué si equipo, y para que no sea extraño, s me había ocurrido algo. – necesito que me devuelva la computadora, me informo el Sr. de informática que tu equipo debe ser cambiado.
- Bueno, yo lo llevo le agradezco que me haya avisado. – ni podía permitir que se diera cuenta de ella mentiría, ni mucho menos que se lleve el equipo sin que lo revise.
- No, es que . . . El Sr. Me dijo las instrucciones de como hacerlo, más bien usted y la Srta. Campos trabajen juntas, por eso las mande a llamar. -le digo mientras ruego por qué me la entregué sin preguntas.
- Ok, profesor. Gracias. – me entrega sin problemas el equipo y luego de regalarme una sonrisa ¿Coqueta? Se aleja moviendo de una manera las caderas que puedo jurar que tuve que morderme el labio para no dejar escapar un gemido.
Por más que buscara y buscara en el ordenador, era imposible encontrar algo y no sé por qué esa chica me generaba tanta desconfianza. La observaba con su compañera y no era capaz de descifrarla. Algo escondía ¿Será que ella es mi anónima? Mientras charlan ambas respecto del trabajo, creo yo, ella juega con su pelo al mismo tiempo con come un poco dulce. Verla ahí, chupar y sobar el caramelo me hizo transportarme hacia cielo. Me imaginé que así, con tanta delicadeza usaría la lengua para practicar seco oral y sin darme cuenta una fuerte erección se asomo queriendo reventar mis pantalones. – mierda. –
- Profesor. . . – a lo lejos se escuchaba una palabra que no era capaz de distinguir. La manera de chupar ese chupetín me tenía hipnotizado y deseoso. - ¡Profesor! – pero el grito de otra alumna me trajo a Tierra.
- Mil disculpas ¿Qué necesitas? – le dije sonrojado e incómodo de lo idiota que me debía haber visto.
Mientras me hablaba y explicaba algunas cosas que no comprendía yo no podía dejar de mirarla a ella ¿Qué pasa? ¿Por qué no puedo apartar la vista? ¿Por qué me siento seducido, hipnotizado a su belleza? Cuanto más le buscaba explicación a lo que me estaba pasando pro dentro, menos respuestas encontraba.
No tenía ni idea sobre cuál era su duda, simplemente le dije que si, a lo que me preguntó. Imaginé se explicar que no comprendí su duda por estar excitándome mirando a una compañera comer un chupetín.
. . .
Había sido un último día de semana muy agotador, no pude sacar nada en concreto de la computadora de Ayala pero por alguna razón algo me decía que siga hurgando por esos lados. Para mí, algo sabían tanto ella como Campos y yo tenía que saberlo.
Por suerte, al llegar a la casa Vanesa, mi esposa, se había ido dónde unas amigas y no volvía hasta mañana al mediodía por lo que pese a todo, podría estar tranquilo para pensar y analizar todo lo sucedido desde el primer momento que puse un pie en el Normal 3.
Leía y releía una y otra vez los anónimos y no podía ser capaz de vincular la forma de escribir en alguna de mis alumnas, necesitaba pensar algo que me ayudara q UE ellas solas se expusieran, ¿Pero cómo? Pensando y pensando, me quedé dormido.
. . .
Su cuerpo se movía de una manera que me dejaba loco, sus manos paseaban por cada rincón del mío, y ante alguna envestida sus uñas se clavaban con fuerza en mi espalda. Sus gemidos de placer hacían eco en mi cabeza, y la humedad de sus partes íntimas eran memoria para mis oídos.
El largo de su pelo bailaba es su espalda desnuda, mientras podía ver el vaivén de su cuerpo sobre mi miembro erecto y duro. Sus manos se apoyaban en mi pecho para poder encovar su cuerpo hacia atrás y cabalgar sobre mi miembro.
¿Alguna vez han tenido sexo luego de mucho tiempo donde el deseo y las ganas contenidas te ha ganado todo el cuerpo y explotas cuál animal salvaje? Eso era ella, un animal salvaje. Un maldito animal que gemia a gritos mi nombre mientras tomaba sus nalgas y las subía y bajaba sobre mi pene que dolía del placer que me estaba provocando. Que apretaba y rasguñaba mi cuerpo, que mordía mi carne y me hacía gemir en una mezcla de dolor y excitación. Esto era el infierno, su cuerpo era una bola de fuego ardiendo sobre el mío y su vagina era un volcán que erupcionaba a cada segundo con mi miembro dentro de el, dejando correr sobre todo el tronco del pene su exquisito néctar.
La excitación iba en aumento al mismo tiempo en que sus gritos copaban toda la habitación, quería que se moviera más rápido, necesitaba que todo mi miembro entre en ella, quería completarla, me urgía sentir como las paredes de su vagina me encerraban, me palpitaba, me mojaban.
Quería llegar, debía llegar, pero de pronto el sonido del teléfono rompe con mi sueño erótico.
- Hola, ¿Quién habla? – contesto molesto.
- Le hablamos de Personal para ofrecerle…. - ¿Enserio? Estoy en la cima del clímax y me llaman para ofrecerme un paquete. No era se ser mal educado, pero es espantoso que te interrumpan cuando estás por terminar, dejarte con las ganas es la peor crueldad del mundo.
- No me interesa, chau. – y sin dejarle decir algo más a la operadora colgué el teléfono.
Estaba sudado y el corazón me latía a mil por horas. Me miró la entre pierna y veo el bulto que quiere explotar y salirse del pantalón. Realmente dolía horrores, por lo que sin pensarlo me baje el pantalón y el bóxer y lo deje escapar.
Podía verlo allí, grueso con todas sus venas verdes marcadas a su alrededor. La cabeza sentía estallar y un líquido blanquecino se asomaba por el pequeño orificio de la punta. ¿Qué debía hacer con esto? Y por primera vez, aunque nadie me lo crea, supe que para aliviar este terrible dolor debía darme placer a mi mismo. ¿Pero como se hacía? ¿Cómo se empezaba?
Me deje llevar por el placer y proseguí a cerrar los ojos y en mi mente la primera imagen que vi, fue la Ayala lamiendo ese chupetín. Mis manos comenzaron a subir y bajar sobre el tronco y como lo sentí seco, lamí mi mano para humedecerla y que la acción de subir y bajar se sienta lo más parecido al interior de una vagina. Húmeda y caliente.
Con suavidad masajeaba el glande y la excitación provocaba que se mojara más con ese líquido blanquecino, aun con mis ojos cerrados podía verla a ella, sobar y lamer el caramelo y en ese mismo momento en el que en mi mente se reprodujo cuando ella mordió la punta del mismo, pude sentir una puntada que venía desde adentro y se intensificaba en el glande. Estaba en la gloria.
Los movimientos de mi mano sobre mi miembro iban cada vez en aumento, al mismo tiempo en el que ella, lamía con más ligereza el pico dulce. Podía jurar que lo hacía apropósito, que sabía que la estaba mirando y que estaba deseando que ese caramelo en su boca, sea mi erecto y duro pene. Cuando quise darme cuenta y al grito de su nombre en un gemido desgarrador acabe por explotar y bañar en semen mi mano.
- Camila. – fue lo único que pude decir, antes de quedarme dormido por completo.