Están los dos en la bañera. Con sus piernas abiertas y ella sentada de espaldas, recostada en su pecho.
El agua esta tibia y él con mucha delicadeza, pasa por sus hombros sus manos. Que la acarician haciéndola sentir tranquila y amada.
Toma una cajita con pétalos de rosa roja y susurrándole en el oído que abra los ojos, los deja caer de sus manos en su rostro. Ella sonríe y besa su otra mano.
—Gracias por estar siempre conmigo. —le dice apoyando su cabeza en su pecho y acariciando el agua.
—Gracias a vos por enseñarme lo hermoso que es estar enamorado.
Por varios minutos estuvieron así, y cada...