Lo había engañado. Esa mujer había demostrado ser lo suficientemente astuta como para sedarlo y dormir lo aun habiendo puesto una cámara para guardar un registro del encuentro.
Aunque no lo reconociera, su error fue subestimarla y bajar la guardia.
Por un momento quiso tomar su celular y mandarle un audio acordándose hasta de sus ancestros, pero se contuvo. Por otro lado, no habría pensado en el dinero que le había pagado por su virginidad y se propuso recuperarlo.
Nadie, si quiera ella, lo vería como un imbécil y se quedaría con su dinero ¡NADIE!
—Esta me las pagas. Maldita perra— e incluso insultándola lo hacía poner caliente. Lo cierto...