Escuchar su decisión hizo que un dolor agudo en su pecho le quitara el aire y le arrebatara la reacción de gritarle que no se vaya, que no la deje.
Empezó a nombrar una a una sus razones, pero ella no había escuchado más que «Va a ser mejor que me vaya»
«¿Enserio cree que eso va a ser lo mejor?» pensó desde sus adentros, sin dejar de mirar su taza de café sobre la mesada.
¿Cómo no podía ser capaz de decirle que no quiere que haga eso? ¿Por qué no podía ser sincera consigo mismo para aceptar que lo ama y que quiere intentarlo de nuevo? ¿Por qué...