El reloj marcaba las 2:00 a.m. hs cuando regresó a la casa y ni bien pasó el umbral, la angustia la envolvió.
Dante se había quedado dormido con su hija dentro del corral en la sala.
Quería reír, pero solo se limitó a inclinarse para despertarlo con cuidado.
—Dante…, Dante…, Dante —lo llama por lo bajo y le da un golpe en el hombro con algo de fuerza, lo que hace que se sobresalte y la mire asustado.
—¿Qué pasó? —pregunta restregándose los ojos.
—Ya llegué, podes seguir estudiando, yo me voy a hacer cargo de la nena.
Él asintió y se levantó, para luego arreglar su ropa y preguntarle...