8 meses después.
La pequeña Ámbar tenía 10 meses ya y tenía más que enamorados a sus padres, aunque no había podido conseguir que ellos al fin hicieran a un lado sus diferencias y estuvieran juntos.
Durante todo ese tiempo, ellos pudieron entablar una relación madura, donde pese a no tener intimidad, por decisión de ella de conocer personas nuevas, y aunque se seguían queriendo, por lo menos él es quien lo manifestaba, cada quien había decidido seguir caminos diferentes, aunque vivían bajo el mismo techo. ¿La excusa? Su hija y que como cada quien tenía sus propios compromisos, se repartían la responsabilidad de cuidarla y educarla.
La niña no...