Desenredando el dolor
Grito cuando el recuerdo de su impronta me golpea con fervor. Empujo los brazos de Ezequiel lejos de mí, mientras la emoción que tuve que reprimirme en un campo de batalla cubierto de sangre resurge de nuevo y corro hacia mi Remedios. La alegría desatada en forma de una Luna sobreexcitada.
—¡Eeeeeeeh, estoy tan feliz, feliz!— Me lanzo hacia ella, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello de tal manera que la derrapo hacia un lado, y Radrigo tiene que sujetarnos para evitar que caigamos. Reboto como una niña mientras ella se contagia de mi entusiasmo.
—¿Qué...— Sierra jadea confundida y luego se ríe cuando mi abrazo...