La Niebla
—¡Ezequiel! ¡Ezequiel! … —grito con la esperanza de que me escuche y esté lo suficientemente cerca como para responder, pero no hay nada más que un silencio mortal en la extrañeza de esta niebla verde. Parece que hasta el viento a nuestro alrededor está atrapado al otro lado del límite, y nosotros quedamos de pie en una quietud irrespirable que no es natural. Mi cuerpo tiembla involuntariamente y cubro mis brazos con las palmas de mis manos para consolar el repentino dolor de vulnerabilidad que recorre mi cuerpo. Mi corazón grita que todo esto está mal, de todas las maneras posibles.
—¿Qué es eso? Mira, allá —señala Prado...