La invitada
—No. Él está aquí. Esperando junto al camino… donde vamos ahora. Así que, vamos, mis queridas, a moverse. ¿Comieron? —pregunta con ese alegre acento suyo, husmeando alrededor en busca de restos de comida, lo que le hace fruncir el ceño al no ver nada.
—Íbamos a ir a conseguir nuestras provisiones y tú apareciste —responde Prado, todavía con un tono algo cortante, y Leandra asiente con un ligero encogimiento de hombros.
—Supongo que pueden comer en el camino. Tenemos que irnos, a él no le gusta esperar. Así que vengan, mascotas. No hay tiempo como el presente. —Hace un gesto hacia el sendero por el que llegamos anoche,...