Nuevo México
—Eh, eh, despierta.
Carmela nos despierta a las dos de un sueño tranquilo y veo que la luz del día ya está empezando a desvanecerse, cerca del atardecer. Ambas nos quedamos dormidas y debimos haber estado inconscientes durante horas después de su pequeña discusión.
—¿Dónde estamos?
Me froto los ojos, conteniendo un bostezo, y me estiro como un gato, desenrollando mis extremidades de la incómoda posición en la que he estado.
—Nuevo México, deberías llamar a Sierra, ya cruzamos hace un rato y me dirigí hacia Deming. Eso es lo que dijo Prado, ¿verdad?
Carmela gira la cabeza de un lado a otro para estirar el cuello y...