¡NO!
Sierra parece percatarse también y mira hacia arriba justo a tiempo para verlo descender sobre la espalda de nuestra bruja con las garras extendidas y un claro deseo de empalarla. Grito un fuerte “¡Noooo!” y me giro para intentar intervenir, pero Sierra lo hace por mí. Salta, cambiando en el aire, y lo golpea de frente en una colisión brutal, enviándolo a volar hacia atrás con su cuerpo más pequeño, aferrándose a él como una sanguijuela. Ruedan hacia atrás, atravesando el suelo roto por la desesperación, derribando a dos lobos de un solo golpe al tumbar sus piernas, y terminan estrellándose contra el borde de un ropero cercano. El...