El invitado
Son coches de lujo americanos, pero están sucios, como si hubieran estado conduciendo por terrenos como este durante horas, sin estar acostumbrados en lo más mínimo. A medida que se acercan a gran velocidad, se detienen justo frente a nosotros, levantando polvo, a solo unos metros de nuestra camioneta, de manera que Prado no tiene que moverse en absoluto. Están lo suficientemente cerca como para ver lo que está pasando justo donde estamos, lo que calma un poco mis nervios, dándome una sensación de protección al saber que ella no estará lejos, ninguna de las dos lo estará.
La primera puerta del coche se abre, y un conductor...