Secuelas
—Tu vida lo supera todo. Tu seguridad es lo primero. No puedo creer que mi madre te dejara hacer esto, ¿qué diablos estaba pensando? —ruga en voz alta, lanzando una rabieta de Ezequiel al aire a nuestro alrededor. Camina a grandes zancadas, aplastando la maleza como un oso de mal humor, y yo cierro la boca, aferrándome a él con la esperanza de que el camino a casa le ayude a desahogarse un poco.
—¡Que mi hija es más capaz de lo que tú le das crédito! —interviene la voz de Sierra, casi haciéndole soltarme al darse cuenta de que ella todavía anda por aquí, sin escolta, pero caminando...