El Viaje Comienza
Exhalo y casi lloro de alivio, volteo para soltar mis manos de Carmela, quien ya no tiene razón para retenerme.
—¿Vienes? —le pregunto con cautela, mis piernas temblando de adrenalina, debilitándose con el alivio cuando ella asiente, señalando un bolso en los escalones que debió haber preparado antes de bajar a toda velocidad. Ella lo toma y nos dirigimos hacia la puerta del pasajero de la camioneta, subiendo primero ella y yo último, sentándome junto a ella en el asiento doble.
—Me alegra que hayas podido llegar —Prado sonríe, sabiendo perfectamente que casi me da un infarto hace unos minutos. No muestra ni un atisbo de remordimiento...