—¿N—nunca? –pregunté y ella asintió. Luego se levantó para dejarme sola. Acaricié mi vientre con una mueca y luego salí. A unos metros de distancia, pude encontrar a Aidan. Estaba entrenando junto a otros hombres.
Se veía muy atractivo, envuelto en prendas pegadas. Pude notar cada uno de sus músculos. Sus ojos pronto se cruzaron con los míos, y desvié la vista algo avergonzada.
Les dijo algo a los hombres, y se acercó a mí.
—Señorita… —musitó y yo lo observé confusa.
—¿Por qué no me has visitado? –pregunté y el suspiró.
—Estaba entrenando –respondió y se giró. Yo negué para sostener su mano, se volvió a girar y me...