—Aquí tienen té –comentó Kelia, y nos pusimos de pie –dejen esas caras largas. Hay que seguir. Ahora… debemos planear algo para derribar a ese maldito Duque –comentó y asentí convencida.
—Debe morir –murmuré y Aidan me prestó atención. No se daba una idea, del odio que sentía hacia ese hombre. A quien había fingido ser amable, bueno conmigo y… había sido todo lo contrario. Estaba tan cegada de odio en ese instante, que dolía.
Despues de beber té, Kelia se fue y nos dejó a solas. Aidan, me observó y yo bajé la vista –Lo siento…
—No pasa nada…
—Entonces me viste cuando estaba teniendo sexo con él –aseguré...