USADO
A la mañana siguiente, salí de la habitación somnolienta. Aún estaba envuelta en una bata, pero mientras caminaba con los ojos cerrados, di un respingo.
—Buenos días señorita –la voz del Duque, resonó en el salonsito de té. Tomé mi pecho –no quise asustarle…
—Estoy bien… estoy algo dormida –balbusié y el sonrió.
—Le preparé el desayuno, espero no molestarla…
—No. Esta bien.
Se había quedado esta noche, debido a una tormenta. Pero al levantarme, me había olvidado de ese detalle.
—Sientese –me invitó y asentí. Por suerte tenía la chalina, pero estaba envuelta en un camisolín blanco.
—Perdon por mi apariencia –susurré y el negó.
—Se ve hermosa...