Me obligué a abrir los ojos. Escuchaba el bullicio de gente, pisadas y caballos. En cuanto presté atención observé apodada una gran ciudad. Era preciosa, rodeada de plantaciones y las calles estaban formadas de piedra. En cada lado, se cernía un pequeño puesto de artículos.
Sonreí, nunca imaginé que un lugar así existiera. Era el sur de la montaña, muchas personas evitaban este sitio y era desconocido. Al parecer se equivocaban, ya había una civilización entera. Comencé a caminar, sintiendo las miradas curiosas de algunas personas.
Algunos, hablaban en una lengua extraña. Pero seguí avanzando, quería saber que más había. Observé lo que vendían, había preciosa joyería artesanal y me...