Al abrir los ojos, observé a Alexander a mi lado. Me senté sintiéndome mareada, pero a pesar de eso sonreí como pude. Mi esposo, me observó y abrió la boca, pero la cerró.
—¿Pasa algo? –quise saber y el asintió.
—¿Puedes retirarte? –preguntó al doctor, quien asintió y nos dejó solos –estas… embarazada.
Al escuchar esas palabras, me sorprendí. Mis manos se apoyaron sobre mi vientre.
—¿E—embarazada? –pregunté y el asintió —¿D—de…?
—Así es… de Aidan –comentó con una mueca y se puso de pie. –Pasaron casi tres semanas para que yo… llegue.
—Alexander lo siento… —comenté con pena.
—No es tu culpa –murmuró y acarició mis mejillas –tengo algo…...