—¿Por qué… no usas esa ropa de ahí? –quiso saber observándome de reojo. Miré mi reflejo, parecía una doncella y no, una duquesa –no es que te veas mal…
—Entiendo. Me he…. Descuidado con todos los problemas –me sinceré y el asintió.
—Es mi culpa que te dejes en ultimo lugar. Pero, lo debo compensar señora. Entremos –propuso y negué. Estaban la mayoría de las mujeres comentillosas. Hice una mueca, pero me sostuvo de la mano e ingresamos. Al menos la tienda era enorme.
—¿En qué puedo ayudarle? –preguntó la vendedora, mirándome con una mueca de desagrado.
—Quiero ver ese vestido en ella puesto –comentó Alexander y la mujer abrió...