—No… —pedí con la voz temblorosa y el me observó confuso.
—¿Qué ocurre? –cuestionó y yo negué con los ojos llenos de lágrimas. Imágenes de guardias entrando a mi celda… me invadieron. Me dio un fuerte abrazo y lo empujé.
—¡No me toques! –exclamé y me levanté de pie sobre la cama. Mi cuerpo temblaba y el hizo una mueca con los ojos brillantes.
—No comprendo –comentó y negué sintiéndome temblorosa. Quiso acercarse pero se detuvo –Te hicieron daño –afirmó y asentí –yo… no te lo haría… estoy aquí la guerra ha terminado.
—Lo sé…
—Si necesitas algo puedes llamarme –comentó y asentí. El hombre se apartó dejándome sola con...