—¿Marcaje! ¿Como si me orinaras encima o como si me pusieras un collar? —preguntó ella, confundida, hasta que recordó una película que había visto—. ¡Oh, espera, ¿me vas a morder? ¿Dónde me vas a morder?
—Sí, es necesario hacerlo, ya que llevarás nuestro aroma, de modo que ningún macho podrá acercarse a ti, y podremos localizarte o comunicarnos contigo incluso a gran distancia. No te obligaremos, pero es por razones de seguridad —dijo Damón, acercando sus labios a su cuello.
—Y te lo daré en este lugar, nena —respondió él, y ambos atacaron su cuello con avidez, succionando su delicada piel mientras ella gruñía, intentando sofocar sus gemidos.
—¿ me...