—¡Cariño! Vamos, que ya estamos tarde.
—No me apresures y déjame decirles buenas noches a mis bebés —grité, saboreando el sonido fuerte de mis dientes chasqueando para que me escucharan.
Besé a mis pequeños en sus camas, cada uno en su lugar, porque si no, no se separan y arman un escándalo hasta bien entrada la noche. No, esta noche no estoy dispuesta a eso. Nada va a arruinar nuestra noche de cita.
Una vez cerrada la puerta de sus habitaciones, revisé el monitor para bebés que guardaba en mi bolso de mano. Me alisé el vestido rojo satinado con escote profundo y espalda al aire mientras me acercaba a...