—Nunca imaginé que tus hijos fueran unos cachorros enamorados. ¿Alguien puede decirme qué me estoy perdiendo?
El hechicero mira a los tres con aburrimiento.
—Papá, déjalos. Aunque sean cachorros enamorados, al menos es por tu nieto.
El padre de Dalia se ríe mientras observa la escena que se está desarrollando.
—Los voy a extrañar tanto, chicos. Haremos videollamadas todos los días hasta que regrese.
Dalia les promete, buscando mantener la cordura.
—Está bien, solo porque es crucial dejarte ir. Asegúrate de comer bien, porque no sabemos mucho sobre todo este rollo del embarazo.
Se ríe de las palabras tontas de Damián.
—Si nos necesitas, solo llama y estaremos ahí en...