¡Maldición!
Siento como si me hubieran golpeado con diez mil rayos y, milagrosamente, sigo con vida. Mis ojos se sienten tan pesados mientras intento abrirlos, pero la luz cegadora no deja que mis pobres ojos se abran en paz.
¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy?
—¡Dalia! ¡Dalia!— Escucho una voz llamarme en un tono cantadito. ¿Por qué suena tan familiar esta voz? Dios, me duele la cabeza.
—¡Dalia! ¡Dalia! ¡Dalia! Despierta, despierta.— La voz femenina dice mientras lucho por abrir los ojos. ¿Por qué me siento tan débil?
—¿Quién es?— Mi voz sale débil y ronca.
—Tu peor pesadilla.— Escucho la voz reírse de mí.
Esta perra...
Inmediatamente, mis ojos se...