Inmediatamente, me lancé hacia él y comenzamos a luchar, rodando sobre el suelo del estudio.
—¡¿En serio, qué está pasando aquí?! —Nataniel se paró con las manos en las caderas, mirándonos con una expresión aburrida y desinteresada.
—Que te jodan, Nataniel —dijimos los dos al levantarnos.
—Entonces, ¿qué quiere el lobo sin mate de sus Reyes? —dijo Damón con tono burlón.
—¿Demasiado creído, no? —Damón se encogió de hombros y volvió a su lugar detrás de la mesa.
—Estaba aburrido y decidí interrumpir su día —respondí, lanzándole una mirada cómplice a Damón.
—¿Alguien me puede explicar por qué ustedes siempre están aburridos y necesitan que yo sea su distracción?
—Eso...